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Finalista de los premios Hugo y Nebula
“Aterrizaje de emergencia es la mejor novela de ciencia ficción del año.”
David Hartwell
En los años ’40, una nave extraterrestre cae en los Estados Unidos. Cuatro de sus ocupantes, cuyo aspecto no se diferencia de un hombre común, están condenados a pasar el resto de sus vidas entre los humanos. Budrys convierte un tópico de la ciencia ficción y de la cultura popular en una conmovedora y a veces cruda historia de supervivencia.
“No hay nadie comparable a Algis Budrys entre los autores contemporáneos de ciencia ficción. Es siempre sorprendente y brillante.”
Damon Knight
“Cada época y cada género producen unos pocos escritores notables, capaces de hacer brotar océanos de sus copas de vino. Budrys es uno de ellos.”
Gene Wolfe
Durante más de medio siglo, la de Budrys fue una de las voces más respetadas en el ámbito de la ciencia-ficción. Autor de ocho novelas, entre ellas clásicos como ¿Quién? (1958), El laberinto de la Luna(1960) y Michaelmas (1977), fue prolífico en su primera década como escritor, pero luego sus obras se espaciaron, aunque siempre fueron esperadas con gran expectativa. Nacido en Königsberg, entonces Prusia, en 1931, era hijo del cónsul general de Lituania. Su familia su mudó a los Estados Unidos en 1936, donde vivió hasta su muerte en 2008. No sólo ha escrito narrativa, sino que durante las décadas del ’60 al ’80 fue quizá el crítico más reputado del género. Su obra ha influido en escritores y movimientos tan distintos como Gene Wolfe, Alastair Reynolds y el ciberpunk.
Este volumen contiene:
Aterrizaje de emergencia, novela finalista de los premios Nebula, Locus y SFChronicle.
“Los silenciosos ojos del tiempo”, relato finalista de los premios Hugo y Locus
Además, contiene una presentación y una bibliografía completa del autor.
Introducción
ALGIS BUDRYS: EL SER HUMANO COMO CENTRO DE LA CIENCIA FICCIÓN
Hay escritores que recorren gran parte de la historia de la ciencia-ficción moderna, la que nace con las revistas de género en los ’20, de manera casi secreta, marcando profundamente la obra de sus colegas y estableciendo cánones estéticos pero sin asomar con frecuencia al primer plano. No suelen encabezar las listas de ventas ni de premios, pero sus obras siempre producen una gran expectativa y consideración. Es probable que algunos de sus textos sigan siendo leídos dentro de un siglo, cuando muchos de sus contemporáneos más populares sean anónimos.
En este selecto grupo se puede encontrar a Brian W. Aldiss o Damon Knight, o a escritores más modernos como Terry Bisson o John Kessel, pero probablemente el más singular de todos sea Algis Budrys, autor de extraño nombre de origen lituano que desarrolló toda su carrera literaria en los Estados Unidos. Budrys despliega una obra narrativa no muy extensa diseminada a lo largo de medio siglo, especialmente prolífica en los ’50 pero luego más infrecuente.
Hay dos componentes que recorren su obra y que también están reflejados en las dos historias que presentamos en este volumen. Uno es temático: en sus relatos se repite la figura del hombre que lucha contra la adversidad, pero no a la manera del héroe de Heinlein, que tiene mucho de superhéroe que triunfa por obra y gracia de sus ideas y las acciones que de éstas se desprenden, sino de una lucha más existencial, más vinculada con la naturaleza de las cosas. Y por otro lado, como complemento, su otro rasgo distintivo: narra con gran economía, no hay relleno en sus relatos, de ahí que sean tan entretenidos y vertiginosos (y breves, que no es poca cosa en estos tiempos). Vale como paradigma de estas condiciones el cuento “La orilla del mar”: un hombre encuentra en una playa un insólito artefacto y lo pone a salvo de la marea, no sin esfuerzo. Sospecha que su origen es extraplanetario. Para conservarlo, deberá enfrentar primero a un policía desconfiado y luego a un huracán, para descubrir luego que sus propietarios originales vinieron a recuperar el aparato desconocido. En un acto desesperado, se cuelga de él cuando es recogido. Budrys cuenta esta múltiple historia de trascendencia y lucha contra la adversidad en apenas un puñado de páginas.
Como bien ha señalado Gene Wolfe, Budrys es estadounidense, como Nabokov y Solzhenitzin, por cortesía del comunismo. Nació en Königsberg, entonces Prusia, de padres lituanos, el 9 de enero de 1931. Su familia huyó a los Estados Unidos en 1936, ante la inminente invasión soviética, y su padre se convirtió en cónsul general del gobierno lituano en el exilio. Su nombre completo es Algirdas Jonas Budrys y uno de los seudónimos que adoptó en sus comienzos, John A. Sentry, es un equivalente de su nombre lituano en inglés (en español sería Juan A. Centinela).
Se enamoró de la ciencia-ficción cuando un día, por azar, cayó en sus manos el suplemento de un periódico que incluía historietas como Flash Gordon y Buck Rogers, que comenzó a leer a escondidas de su padre. “El llamado mundo real era tonto y aburrido, y yo quería tener que ver con él lo menos posible”, señaló en una entrevista. “Expuse eso en montones de formas, pero la más grande de todas fue la ciencia-ficción”. A los nueve años había decidido convertirse en escritor, escribiendo y enviando relatos a las revistas, de las que invariablemente recibió cartas de rechazo hasta que realizó su primera venta a los veintiún años. Para entonces ya había pasado por las universidades de Miami y Columbia.
En un poco más de un año logró publicar una quincena de cuentos, la mayoría de ellos nunca reeditados. Es 1952 y en el fértil campo de las revistas de ciencia-ficción aparece una nueva generación de escritores, jóvenes y prolíficos cuentistas que pronto darían a conocer sus primeras novelas, como Philip K. Dick, Robert Silverberg y Robert Sheckley. Aunque los primeros relatos de Budrys no se diferencian gran cosa en los contenidos de las revistas, su prosa comenzaba a manifestar sus influencias: los ingleses Graham Greene y Eric Ambler, autores de thrillers sofisticados, y Clifford D. Simak y Lester del Rey, cuya ciencia ficción era fuertemente emocional.
La primera novela de Budrys, False Night (más tarde reeditada completa como Some Will Not Die), es un amargo retrato de los Estados Unidos tras una plaga que los diezma. Escrita en plena Guerra Fría, como muchos de los textos de entonces refleja los temores ante una catástrofe nacional y la amenaza soviética.
Su siguiente libro es ¿Quién? (1958), una alegoría sobre la deshumanización que se ha convertido en un pequeño clásico. En ella, un brillante científico estadounidense, Martino, trabaja en un laboratorio cerca de la frontera con el bloque soviético, cuando una explosión lo deja mutilado y malherido. Los primeros en llegar son los comunistas, que lo llevan del otro lado de la frontera y, tras un largo período de convalecencia, lo recuperan, virtualmente convertido en un ciborg por la cantidad de implantes mecánicos. Una vez regresado al bloque occidental, es imposible determinar si es el auténtico Martino o un espía. Ni siquiera el protagonista sabe quién es. La novela puede ser leída como una suerte de thriller existencial, breve y ameno, alejado de las especulaciones más propias de la ciencia-ficción clásica que hubieran girado en torno a los efectos de los dispositivos mecánicos en la persona. En el mismo año en que apareció ¿Quién? también se editó Man of Earth, “mi novela mala”, como señaló su autor.
The Falling Torch (1959) trata sobre el regreso de un humano exiliado a una Tierra dominada por una raza alienígena, y la consiguiente rebelión que encabeza. Novela episódica que no está entre lo mejor de su obra, habitualmente se la considera una bastante transparente alegoría sobre Lituania y el comunismo pero, según Budrys, su fallida intención fue llevar a Gengis Khan a un ámbito de ciencia-ficción.
Con El laberinto de la Luna(1960), o bajo el nombre que prefiere el autor, The Death Machine, comienza a cerrarse el período prolífico de Budrys. El laberinto de la Luna está a la altura de las mejores obras de ciencia-ficción. La novela parte de dos supuestos: un científico inventa un dispositivo que es capaz de duplicar y transmitir la materia, y sobre la luna se descubre una construcción alienígena sin función aparente. Este laberinto resulta mortal para el que allí ingresa, los voluntarios mueren pero a la vez son duplicados. La lucha del hombre contra la muerte y la búsqueda de trascendencia son motivos reiterados en Budrys, pero tal vez no haya otro texto en la ciencia-ficción que los trate de manera más franca. El laberinto de la Lunaes una de las novelas más influyentes del género, y también una de las más perturbadoras. Como señaló Gene Wolfe, “trata sobre la naturaleza de la vida, sobre lo que es vivir y haber vivido”.
Aunque sus relatos y novelas se volvieron cada vez más raros, el nombre de Budrys no dejó de aparecer en las revistas: durante décadas llevó adelante una columna de crítica literaria, primero en Galaxy y luego en The Magazine of Fantasy & Science Fiction, que se convirtió en referencia obligada del género. Parte de sus reseñas y ensayos pueden encontrarse en Benchmarks: Galaxy Bookshelf (1984), Writing to the Point (1994) y Outsposts: Literatures of Milieux (1996).
The Amsirs and the Iron Thorn (1967) es una novela seriada que luego fue publicada como libro, sobre un adolescente criado en un Marte violento que regresa a la Tierra, un lugar pacífico dirigido por inteligencias artificiales. Escrita a medida que se publicaba en la revista Galaxy, es menor en su producción. Una década más tarde apareció la siguiente novela, Michaelmas, su historia más ambiciosa y la que más reconocimiento le aportó fuera del género. En un futuro cercano, los medios de comunicación dominan el mundo y un periodista es el presidente secreto de la Tierra. Notoriamente precisa en muchos aspectos con respecto al lugar que las nuevas tecnologías y los medios de comunicación tomarían en la sociedad, la historia, a pesar de que puede sonar poco plausible en un esbozo de su argumento, es muy consistente en sus reglas internas. Aunque en español se le ha prestado poca atención, es una de las mejores novelas de la década.
La producción narrativa de Budrys bajó abruptamente en las décadas ’70 y ’80: además de Michaelmas sólo publicó siete cuentos. Continuó con sus columnas de crítica literaria pero comenzó una polémica vinculación con Bridge Publications, que probablemente haya opacado su figura en la ciencia-ficción. Bridge es el brazo editorial de la Iglesia de la Cientología, la discutida secta creada por L. Ron Hubbard, un popular escritor de ciencia ficción de la época pulp. En 1984 Bridge anunció un concurso literario, ‘L. Ron Hubbard’s Writers to the Future’, que produciría un volumen anual de relatos inéditos de autores nuevos. Budrys fue coordinador del jurado —que incluyó a grandes figuras del género como Robert Silverberg, Anne McCaffrey, Theodore Sturgeon y Frederik Pohl— entre 1984 y 1992, y nuevamente desde 1999. Gracias a este concurso publicaron sus primeros relatos escritores hoy reconocidos como Stephen Baxter o Karen Joy Fowler. Aunque Budrys no es miembro de la cientología, promocionó la obra de Hubbard, e incluso anunció que escribiría una continuación de Campo de Batalla: la Tierra, lo que probablemente fuera considerado políticamente incorrecto. Esto podría explicar, al menos en parte, por qué su obra no tiene mayor reconocimiento en la actualidad.
Además de publicar Aterrizaje de emergencia en 1992, lo más destacable de su trayectoria en los ’90 fue el lanzamiento de una revista, Tomorrow, que publicó 24 números entre 1993 y 1997, dedicados especialmente a promover nuevos escritores. Además, allí publicó algunos cuentos empleando antiguos seudónimos, como John A. Sentry o Paul Janvier. Tomorrow fue la primera revista en inglés que pasó a publicarse únicamente en Internet, aunque ya hace tiempo que está fuera de línea.
A lo largo de su carrera, Budrys publicó alrededor de cien relatos, muchos de los cuales pueden ser encontrados en sus recopilaciones: The Falling Torch (1959), Dimensión Inesperada (The Unexpected Dimension, 1960), Budrys’s Inferno (1963), The Furious Future (1964), Blood and Burning (1978) y Entertainment (1997). Recientemente Scorpius Digital Publishing comenzó la publicación de The Algis Budrys Omnibus, la edición electrónica en siete volúmenes de sus principales narraciones, tanto novelas como cuentos.
Aterrizaje de Emergencia es la primera novela de Budrys en quince años. A pesar de su brevedad, demoró diecisiete años en escribirla. Apareció inicialmente en el número aniversario de The Magazine of Fantasy & Science Fiction de 1992 y pronto fue editada como libro. No vamos a adelantar aquí mucho sobre el relato que está en las páginas siguientes, sólo digamos que es audaz en forma y contenido, encarando un viejo tema del género de una manera renovadora, tanto en el enfoque como en la presentación formal. Tal vez sea primer texto de lo que se podría denominar ‘ciencia-ficción existencial’, pero no se debe confundir esto con una lectura ardua y árida, sino todo lo contrario: es amena y fácil de seguir. Fue finalista del premio Nebula y obtuvo suficientes papeletas para ser nominada al Hugo, pero ya no calificaba dentro del período.
“Los silenciosos ojos del tiempo”, la novela corta que completa el volumen, muestra la variedad de registros de Budrys: es una historia más ligera e ingeniosa, centrada en un personaje y narrada en gran medida a través de diálogos. Tiene como desencadenante otro tópico de la ciencia ficción: el viaje en el tiempo. Fue finalista de los premios Hugo y Locus.
La ciencia ficción es un amplio paraguas que alberga formas muy distintas, desde las épicas aventuras espaciales a las catástrofes mentales de Ballard, desde las aventuras intelectuales de Greg Egan a los mundos alternativos. La obra de Budrys tiene un lugar único, pues siendo un profundo conocedor del género, tomó los tópicos y motivos de la ciencia ficción para enfrentarlos a lo humano, no a lo tecnológico.
“Yo creo”, escribió el autor, “que una obra de creatividad es su propia justificación. De todos modos, si es necesaria una racionalización, el apuntalamiento teórico de mi ciencia ficción es que la ficción especulativa es una obra dramática que se vuelve más relevante a través de la extrapolación social. Actúo asumiendo que, tras algunos afortunados golpes de talento, algunos artistas de la prosa pueden crear realidades condicionales bajo las cuales los comportamientos humanos reconocibles son iluminados por circunstancias que todavía no han sucedido en lo que consensuamos como realidad.”
Luis Pestarini
Fragmento
NOTAS DEL AUTOR SOBRE EL REGISTRO NACIONAL DE ANOMALÍAS PATOLÓGICAS
El Registro Nacional de Anomalías Patológicas funciona con fondos federales y se formó a fines de la década del ´40. Publica boletines para servicios patológicos estatales y otras partes interesadas. Esta información se restringe a la descripción de estructuras y funciones anatómicas poco comunes halladas en el transcurso de exámenes post-mortem de rutina.
Existe un número de anomalías ‘comunes’ que al RNAP no lo preocupan. Un puñado de personas con el corazón ubicado hacia el lado derecho del pecho, o que han nacido sin apéndice vermiforme. Otros ejemplos que se presentan a diario son dedos adicionales en manos y pies y genitales anómalos. Una de las primeras cosas que aprende un estudiante de medicina es que los detalles de la composición interna de cualquier ser humano generalmente son similares a los que aparecen en los pulcros diagramas de los libros de texto, y también tan diferentes que parecen una burla. Esto ocurre sin perjudicar el funcionamiento general del individuo como un organismo clara y comprensiblemente humano y esencialmente sano. Las clases de anatomía disipan cualquier noción de que Dios trabaja con un cortador de galletas. La idea que sí confirman es que los mecanismos de la vida son más sutiles y decididos de lo que la gente puede imaginar. En muchos casos, estas anomalías son lo bastante exitosas como para pasar desapercibidas durante toda la vida del individuo. Puesto que la mayoría de las muertes no son seguidas de autopsia, no existen estadísticas fiables sobre la frecuencia con que puede darse todo esto.
Lo que esto significa es que hay por ahí una cantidad indeterminada de individuos que responderán peculiarmente a los tratamientos médicos y quirúrgicos, que podrán superar lo que deberían ser lesiones con secuelas de invalidez o fatales, pero que pueden sucumbir por accidentes aparentemente menores, o que hasta podrían ser capaces de evadir los métodos normales de represión y castigo... por mencionar apenas unas pocas áreas que resultan de intenso interés para las autoridades encargadas de mantener la salud y el orden públicos.
Las publicaciones del RNAP se ocupan solamente de los casos extremos. También establecen distinciones exactas entre cada clase de extremo. Existen las que podríamos llamar anomalías hechas por el hombre: defectos originados, casi con seguridad, en la acción ejercida por diversas sustancias fabricadas en la madre del individuo durante su embarazo. Éstas, aunque no están completamente catalogadas, forman parte de un campo especial de investigación médica que se mantiene razonablemente al tanto de las novedades sobre el uso de drogas recreativas y los efectos piramidales de la química industrial moderna. El RNAP describe los casos aparentes de esta categoría a medida que se descubren, y esa sola razón basta para que sus boletines sean ampliamente estudiados. Pero hay otra categoría.
De vez en cuando, alguna autopsia revela órganos, o incluso sistemas de órganos, que son verdaderamente únicos en su tipo y cuya función, de hecho, puede no ser comprensible para el patólogo que los descubre. El RNAP reacciona rápida y positivamente ante estos casos. De inmediato, facilita al médico toda la cooperación e información humanamente posible y colabora con éste para profundizar en el asunto de manera escrupulosa. Como resultado de su reputación por esta clase de cooperación, siempre bienvenida por los departamentos de patología que nominalmente cuentan con fondos abundantes, el número telefónico del RNAP, que funciona las veinticuatro horas, se tiene muy en cuenta en todas las naciones signatarias de los acuerdos de cooperación que fomenta la Organización Mundial de la Salud.
Debe comprenderse que, casi invariablemente, al final siempre se encuentra una explicación mundana para la aparente anomalía descubierta en cada caso particular.
El presupuesto anual del RNAP se obtiene de los fondos autorizados por el Congreso para el funcionamiento de su organización matriz. Esta forma de financiación de segundo grado es común en los casos en que la organización matriz es la CIA, el FBI o la Agencia Nacional de Seguridad, por nombrar sólo a tres. No he podido determinar cuál es la organización matriz del RNAP.
OA es la sigla de ‘Órganos Anómalos’. La mayoría de los expedientes del RNAP están encabezados con el prefijo OA, seguido por un número codificado que indica la fecha en que se abrió el expediente y que predice cuándo podría cerrarse el mismo. En estos expedientes se basa la mayoría del material que aparece en los boletines; poseen un valor inmediato incuestionable para todos los profesionales médicos que se ocupan de los resultados de las interacciones humanas.
Una porción mucho más pequeña de los expedientes están encabezados por las siglas OA/HV, donde el segundo grupo de iniciales del prefijo, según se dice, representa las palabras ‘Historiales Vinculados’. El acceso y la utilización de estos expedientes se restringen a los funcionarios de más alto escalafón del RNAP. En el mismo instante en que se abre un nuevo expediente de estas características, se exige el envío de una notificación OA/HV, que antes venía impresa en una tira de papel rojo y que ahora es un aviso precedido por una señal sónica especial en los dispositivos informáticos de comunicaciones del RNAP, que están conectados con Dios sabe dónde. En el RNAP, que se aloja en un edificio georgiano de ladrillos rojos y tres pisos, con un bonito café bajo los árboles en el patio trasero, circula un chiste de oficina que dice que HV en realidad quiere decir ‘Hombrecitos Verdes’.
—A. B.
Qué se escribió sobre el libro
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